Friday, December 2

Mi Amigo Invencible, con cambio de vibra: “Nos sacamos un poco de solemnidad y de nostalgia”

En el comienzo de Isla de Oro, el octavo disco de Mi Amigo Invencible, se samplea a Mr. Roarke, el personaje de Ricardo Montalbán en La isla de la fantasía, cuando dice “Coma, beba y regocíjese, será su última oportunidad”.

El recurso resuena a invitación a ser feliz antes de que todo se termine, pero puertas adentro de la banda mendocina tiene otro propósito más, que en entrevista con VOS revela el baterista Arturo Martín.

“Queríamos sacarnos esa capa de solemnidad y de nostalgia que trajimos hasta aquí. Y así empezar a tener un poquito de luz en todos los aspectos”, precisa el músico, quien a su vez ofrece una interpretación para la citada introducción de TV vintage.

“Quisimos decir ‘nada se terminó, hay que seguir, vivamos lo mejor que podamos, pongámosle onda, que pasamos por una repálida. Vamos a disfrutar un poquito’. No sé vos, pero yo no puedo negarme a una invitación así”, amplía entre risas.

Ya con lo expuesto hasta aquí, queda claro que Mi Amigo Invencible cambia de paradigma, que busca relativizar cierta altivez indie que pesó sobre el proyecto para darle paso a algo más asequible.

En ese proceso resultó determinante la producción de Martín Buscaglia y la masterización de Gustavo Montemurro: know how uruguayo para una obra que tiene invitados de distintas procedencias: el tucumano Diosque, el cordobés Fran Saglietti, la bonaerense Paula Trama y el también uruguayo Paul Higgs.

–¿En qué momento se produjo la “uruguayización” de Mi Amigo Invencible?

–Todo fue muy rápido. A Isla de Oro lo empezamos a componer en febrero de este año. Después del verano, Mariano Di Césare, nuestro líder musical, empezó a componer algunas ideas, luego nos juntamos en la sala… En el medio de todo eso, Marian tuvo la oportunidad de hacer algunos trabajos con Paul Higgs, un artista uruguayo bastante destacado en el underground de Buenos Aires y que acaba de sacar un disco espectacular (Tridimensional)… Como Higgs estaba grabando con Buscaglia justo cuando coincidió con Marian, y como le contó una experiencia muy bonita con él, fuimos hacia Martín. Él nos dio lo que necesitábamos.

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–¿Y qué era lo que ustedes necesitaban?

–Ya veníamos pensando en qué grabar y en quién nos podía producir, porque en el disco anterior, Dustiland (2019), habíamos tenido la experiencia de trabajar con un productor norteamericano con una búsqueda superexperimental. Y ahora la idea era salir de ese nicho en el que nos habíamos metido, de una búsqueda de audio tan excéntrica. O cómo hacer para acercarnos a esa idea de la alegría a la que apuntaba recién. El productor es un engranaje fundamental. Luke Temple, el de Dustiland, es un estadounidense que no habla español y con el que sólo conseguimos conexión musical. Con Martín, claro, no tuvimos ese límite y la conexión fue absoluta. Superlúdico. Con él pudimos dialogar sin simposio.

–¿Sin simposio?

–Y sí, porque si ponés a consideración cada cosa que se hace en una banda de siete personas, todo se vuelve muy tedioso. Para eso también está el productor. Para que agarre el volante de un camión que viene a mil kilómetros por hora y lo estabilice. Llevado a tierra, eso significa que a uno lo pone a cebar mates y a otro, a mirar por la ventana. Él nos ayudó a traducir esta necesidad de frescura, de alegría. Además, la grabación fue en Unísono, el estudio de Cerati. Es espectacular, tiene mística… El equipo del estudio es alucinante. Y durante la grabación estuvo Nico “Parker” Pucci, que armó a Unísono con Gustavo. Él controló perillas junto con Martín.

Más allá de la deconstrucción indie, Isla de Oro tiene humor y un desarrollo despreocupado, lo que se corrobora en el montaje de varios chistes que se presienten internos y en una alusión a Viento, dile a la lluvia, de Los Gatos.

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“La parte fundadora de la banda, que es más de su mitad, tiene a miembros que vienen tocando desde hace más de 20 años. A esa convivencia de tanto tiempo no la mantenés sin humor”, observa Arturo Martín.

“Por más que hayamos hecho discos melancólicos o pretenciosos, somos gente de muy buena onda. Nos sabemos divertir juntos. Somos mendocinos que nos hemos venido a vivir a esta gran ciudad (Buenos Aires), y en las mutaciones que esas situaciones generan, nos convertimos en familia. Somos gente que nos cuidamos y nos queremos mucho”, redondea.

–Hicieron 8 temas en 8 días… ¿Hay algo cifrado ahí?

–¡Y es el octavo disco de la banda! Sí, el 8 fue una cosa que apareció todo el tiempo. En un momento fue casi concepto… Si lo acostás, el 8 es infinito y romantizamos un montón esa cuestión. Porque la música es infinita y debería serlo esto de lo que hablamos recién: el cuidado de las relaciones, el quererse. Este disco actualizó todo. Nos amamos más que nunca y sentimos que hay un nuevo punto de partida para seguir creciendo. Somos jóvenes, tenemos alrededor de 36 años… Vamos a seguir envejeciendo y yo quiero que sea al lado de la música.

–Una vez le pregunté a la Mala Rodríguez si se había adelantado a Rosalía; y ahora a ustedes les consulto qué tan precursores fueron del nuevo indie mendocino.

–Somos la punta de lanza de una generación que está atravesada por muchos cambios. Por la incorporación de la tecnología, por el uso del celular en la cotidianidad, por la capitalización de las redes sociales. Crecimos con la escena punkie del do it yourself, de pegar afiches hechos con la fotocopiadora del barrio, crecimos así. Pero al toque incorporamos la tecnología. La generación anterior de músicos mendocinos, la de Karamelo Santo, estaba más en la vieja escuela, y luego aparecimos nosotros como pivotes entre el pasado y el futuro, poniendo la tecnología como núcleo. Hicimos crecer a una banda por la que era muy difícil apostar. Somos conscientes de que no somos populares, a pesar de que esa es nuestra búsqueda. Porque queremos atravesar todas las emociones. Ser populares no en el sentido de alcance, sino de poder interpelar a todo el mundo.

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–Entonces, supongo que te conmocionó el fallecimiento de Marciano Cantero.

–Claro que sí. La suya era una voz icónica de Latinoamérica. Me puso muy triste la noticia.

–Un cordobés como Francisca y un tucumano como Diosque participan del disco más luminoso de una banda mendocina respetada. ¿Llevan con orgullo la bandera del interior profundo que se convierte en referencia de arte superior para los porteños?

–Absolutamente. Cuando era más joven, hubiera esquivado un poco la cuestión. Hoy no es así. Hoy me siento orgulloso del lugar que ocupamos y que a los rótulos nos lo pongan los demás. La percepción de lo que hicimos la defiendo. Y las cosas lindas que me digan las defenderé con el corazón y las seguiré potenciando. Hace poco le escuché a Luis Scola decir que a LeBron James es imposible sugerirle que hay alguien mejor que él, que el tipo está convencido de que es el mejor. Scola cree que esa actitud lo llevó al tipo a ocupar el lugar que ocupa. Siempre renegué de eso, pero hoy empiezo a asimilarlo. Porque sí, loco, no podemos ser punks toda la vida. Está bueno emprolijar la nave. Que la música no sea sólo rebelión, sino también un trabajo digno y que, desde el convencimiento, mueva una artística de goce para todos.

En vivo

Mi Amigo Invencible presentará Isla de Oro este sábado, a las 21, y en Club Paraguay (Marcelo T de Alvear 651). Entradas en Al Pogo, desde $ 2.000.

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Reference-www.lavoz.com.ar

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